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HORROR EN EL
POLVO También es habitual en
nuestros hogares otra conocida criatura bacteriana. Se trata de las pseudomonas,
las cuales portamos en todos lados y cualquier lugar es bueno para que se
reproduzcan. La vista más aguda y
penetrante no vería siquiera cien mil pseudomonas juntas. Se impulsan mediante una
cola que utilizan como hélice y su velocidad de crucero es 0,0001609 kilómetros
por hora, la cual resulta una velocidad increíblemente
rápida para su tamaño, según los microbiólogos Su lugar preferido de
residencia, al igual que el de muchas bacterias, es el trapo de cocina con el
que secamos los platos. Como señala David Bodanis
en “Los secretos de una casa” (Editorial Salvat): <Los horrores que
contiene este simple tejido no son algo que pueda contemplar sin estremecerse
una persona de escasos arrestos>. Con el tamaño imaginario
que tenemos, bien podríamos ir a parar a este ilustre trapo. Y sería terrible: cada
migaja de pan, cada residuo de comida, cada gota de aceite dará lugar a la
aparición de especies distintas de microbios especializados. Los epidemiólogos no dejan
de advertir sobre los peligros que representa el trapo de cocina para propagar
las poblaciones bacterianas dentro del hogar. Afortunadamente hemos
escapado de la cocina y hemos ido a parar, tras distintos sustos y encuentros, a
la alfombra del Salón. El bosque de fibras se
convierten en un lugar inhóspito donde acechan los horrores. En primer lugar, el polvo
en sí mismo es una miscelánea de desperdicios. Lo que conocemos como polvo
contiene todo tipo de elementos extraños: arena de todos los desiertos,
escamas de la piel, brillantes partículas de cadmio, sal marina, esporas de
hongos, esqueletos de ácaros, miembros microscópicos perdidos por insectos,
moléculas de perfume, polen, fibras de amianto, cenizas, hollín, y
otro montón de objetos incalificables. Se ha calculado que en un
metro cúbico de aire flotan unos diez millones de objetos inapreciables a
simple vista. Pero nuestro espanto más
destacable tendrá lugar cuando nos topemos cara a cara con un ácari del
polvo.
En realidad se trata de un arácnido
que mide unas 40 micras, invisible por tanto para el ojo humano, que posee
ocho patas, lo que le clasifica como pariente lejano de la araña, y con un
cuerpo levemente acorazado y recubierto de pelillos. No hay que alarmarse por
hospedar estos desagradables inquilinos... Son absolutamente pacíficos
y puede asegurarse que se encuentran en el 100% de los hogares, por muy limpios
que se tengan. No fueron descubiertos
hasta 1965 y su lugar preferido de residencia son las alfombras
y las camas. Su principal alimento
consiste en escamas de piel que continuamente se desprenden de los seres
humanos, tan diminutas que tampoco son perceptibles. Cualquier movimiento que realizamos provoca la caída multitudinaria de escamas, que puede llegar hasta varias decenas de miles en un minuto. Así que el ácaro sólo tiene que abrir la boca, esperar que le llueva el maná del cielo y llevar la vida más placentera posible (comer, defecar y copular).
Temuco, Chile; actualizada 26 de Septiembre de 2002 |